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domingo, 28 de julio de 2013

Amanece Castilla y León bajo el sol cálido del verano de Julio, la carretera me aguarda para recorrer cinco horas en solitario camino. Y al anochecer, tras llegar al fin a la capital orensana para descasar... apenas cuarenta minutos más tarde, las calles quedaron en silencio y el tiempo se detuvo en una gélida y entrecortada respiración...

La noticia corría calle arriba y traía consigo lágrimas que huían calle abajo. Todos abandonaron sus quehaceres o disfrutes para salir a la calle, coger el móvil y llamar a familiares, amigos y conocidos en busca de respuestas.

Galicia sufrió un estremecimiento digno del más alto terremoto en la escala. El pasado 24 de Julio la vida de casi 80 personas se vio prematuramente escapada a través de los raíles de la vía que cerca de nuestra bella capital compostelana pasaba. Los júbilos de las festividades del Apóstol se vieron bruscamente intercambiados por pechos encogidos y estómagos anudados.

Las manos entonces, se lanzaron a la calle. Médicos, bomberos, voluntarios, vecinos... jóvenes, adultos... cualquiera que ayuda pudiese prestar, allí estuvo aquel negro día para sin recibir... dar. Ojos inundados, manos ensangrentadas... llantos como banda sonora del trágico accidente. Piernas temblorosas abandonaron tras de sí el miedo a no lograr salir vivo de aquel montón de metales entrelazados en los que se había convertido su transporte. Dando gracias a quien no quiso que en la curva la vida que se les había concedido, les fuese robada tan veloz e inesperadamente.
Una sombra se cierne sobre tierras gallegas... jamás en el olvido quedarán quienes se despidieron antes de, contrariamente a mí, llegar a su destino.


Desde CLICK! Quiero dedicarles mi más sentido pésame a quienes la tragedia se coló en sus cotidianas vidas. Y por supuesto, mil gracias a esas manos que supieron saltar a la vía del tren con los ojos vendados para socorrer a quienes sin sentido buscaban ser socorridos y consolados.





Foto: Google Imágenes.
Texto original de: Caroline A. N.

sábado, 27 de julio de 2013

“Corre, corre... que te pillo.” Nos invitan a jugar.

Muchos son los detalles que nos perdemos por ir en busca de imágenes “a lo grande” precisamente fotografiando elementos que son obvios a la vista. Ya sea a ras de suelo, entre las hojas o pétalos... hay miles de diminutos seres listos para ser protagonistas de nuestras tomas.

En nuestro día a día los vemos como “bichos” pero ante la cámara son formas, colores, contrastes y la posibilidad de acercar el ojo de otros a esos pequeños insectos que habitan entre la flora que nos rodea.




Encaríñate con el modo manual. Bien sabido es que disfruto mucho con mi cámara en este modo, y también confieso que hasta hace poco no me había parado a probar con estos seres las profundidades de campo, velocidades rápidas de obturación, etc. El caso es que recientemente, en una pequeña salida que realicé con mi pareja cerca de casa, quise que este pusiera en práctica sus recientes adquiridos conocimientos en dicho modo y a mano solo teníamos... hormigas. Así es, de primeras fue lo único que encontré y lo cierto es que me lo pasé genial. Aunque en mis inicios ya probaba mi cámara con las arañas que encontraba por la casa y la huerta, ahora sé que no les sacaba todo el partido que debiera a esas tomas.





Para fotografiar insectos.  Lo principal es aplicar en todo momento una de las leyes principales en este tipo de fotografía (Macro): cuanto más cerca, mejor. A nivel personal, creo que la observación, la paciencia y la buena vista es lo que más nos influye; con lo cual si sois un saco de nervios, recordad que estáis a escasos centímetros de vuestro sujeto y que este tipo de animales es muy sensible a cualquier movimiento brusco que hagáis... no bastará con gritarle al pobre “bicho” que se esté quieto porque creedme, no os hará caso. No vendrán a vosotros, tendréis que ir en su búsqueda así que es primordial que mantengáis los ojos bien abiertos y si vais en grupo siempre es mejor dispersarse para localizar las zonas del terreno y sus respectivos “habitantes” además de que para hacer las tomas, solo se trabaja más relajados tanto vosotros como vuestro sujetos... no les suele gustar el exceso de público. En cuanto a la paciencia, no esperéis a que en la primera toma salga todo como debiera (es posible, todo sea dicho) así que, si tenéis la posibilidad de realizar varias fotos adelante. No es la primera vez que tengo que corretear con el objetivo planta arriba y abajo hasta que por fin la captura permitía ver claramente al insecto y su entorno sin ser una fotografía demasiado apurada con lo cual, id con tiempo y daros el lujo de observar con calma tanto al sujeto como al “decorado” para analizar sus posibles vías de escape y el punto en el que mejor quedará. Estos tan solo son unos de los muchos aspectos a tener en cuenta en cuanto a actitud. Pasemos a los técnicos.






El equipo. Cuanto más amplio el bolsillo, más opciones hay de hacerse con un buen equipo para este tipo de fotografía. En mi caso, busco con que hacer usando cuanto tenga disponible hasta que pueda invertir en un buen material. El objetivo cumple con una función primordial aquí, tanto su luminosidad como la distancia focal que nos permita alcanzar juegan un papel muy importante (los podemos encontrar ya especializados como objetivos macros). Un trípode lo mayormente estable posible, sobre todo para casos en los que estudiamos y somos capaces de predecir los movimientos, así como si la toma es en el escondite del mismo. En cuanto a flash, existen ya unos determinados para este uso, denominados anulares que cumplen perfectamente su función y de no poder permitírnoslo, es importante no incidir la luz directamente sobre el sujeto ya que además de dañarlo, quemaremos por completo nuestro protagonista y no podremos disfrutar de nuestros resultados; con ello solo obtendremos demasiada luz.

                        




Hora de configurar. Rápidos e impredecibles, así son ellos. A la hora de fotografiarlos, hay que tener en cuenta que la velocidad a la que se mueven es muy alta con lo cual por nuestra parte tendremos que jugar igualmente con velocidades de obturación también elevadas, sin olvidar por supuesto que al aumentarla el tiempo que tendrá nuestro objetivo para la entrada de luz será menor así que nos tocará buscar el equilibrio de alta velocidad con apertura grande para que pueda entrar el máximo de luz posible.





Mis parámetros. Para las siguiente fotografías propuestas los parámetros que han dado resultado en mi caso, con mis condiciones de entorno, han sido: Apertura de diafragma (número F) de f/5.6, velocidad de obturación 1/50s, ISO 100 (sensibilidad), distancia focal de 82 mm con un objetivo de 70-300 mm (la accesibilidad y acercamiento me hubiesen permitido trabajar con otro, pero en ese momento era que el que tenía montado), no tuve que recurrir a ningún tipo de flash y la medición fue en todos los casos central ponderada.

Recordad que nuestras imágenes ganan mucho si respetamos las leyes de composición visual. De las que probablemente pronto caiga un artículo por aquí. No olvidéis que la nitidez y perfección de nuestras imágenes no reside en que estén enfocadas siempre al 100%, hay que jugar con las formas y colores o incluso si una fotografía no nos convence por su escasez de contraste pero los dibujos que traza si que lo hacen, probad a trabajarlas en blanco y negro... puede que os llevéis una grata sorpresa! 

Probad, probad y probad mil y una combinaciones que signifiquen para vosotros una buena foto y... CLICK!









Foto y texto originales de: Caroline A. N.

lunes, 8 de julio de 2013

"Y ese toro enamorado de la luna..." Decía la canción.

Saludos, queridos lectores. Tras largas semanas de tener mi portátil fuera de servicio, por fin lo he recuperado y puedo publicar las entradas que tenía reservadas para estos días. En especial, quiero mostraros el resultado de una larga secuencia de fotos el pasado 23 de Junio fruto de una agradable noche en compañía de mi pareja, que se inicia también en este mundillo y con muy buen pie he de añadir. Para los que estáis en este mundillo sabréis que esa noche fue la perfecta para fotografiar la Luna.

Obviamente, al ser la primera vez que me enfrentaba a esta bella modelo, tuve que investigar un poco sobre el tema  e informarme de las recomendaciones de los grandes del medio.

Imprescindible. Un trípode, el objetivo de mayor distancia focal que tengáis en casa, vuestra cámara y sobretodo... mucha paciencia. Lo último es imprescindible, ya que la Luna es así de caprichosa ella y supone un reto para nuestro equipo captarla con la mayor definición posible pero tratando de reflejar el resplandor que tanta belleza le otorga.

Mis parámetros vencedores. Tras múltiples pruebas, os indico a continuación los parámetros que resultaron escogidos. Antes de nada, comentaros que la toma final es una combinación de dos fotografías. Es decir, para poder capturar la Luna con sus condiciones lo mayormente gratificantes para mi y a su vez poder incluirla en un cuadro nocturno que le diese algo de sentido a la toma que deseaba, sencillamente hice dos fotos y a continuación las monté en modo vertical a partir de ambas tomadas en horizontal (lo que suelo hacer con las panorámicas habituales pero en distinta presentación). He aquí mis parámetros:

Foto 1 (Luna): Medición puntual, histograma con picos acentuados a la izquierda (predominan sombras), enfoque manual (M) con objetivo 55-200mm a una distancia focal final de 190 mm (se puede intentar la toma en semiautomático con un punto de enfoque previo en otro punto distinto ya que la Luna es un infinito que la cámara no asimila), ISO-100, velocidad de obturación 1/200s (siempre se recomiendan altas para que la luz que emana la Luna no queme nuestra foto), punto F o apertura de diafragma f/13 y por supuesto SIN flash.

Foto 2 (Paisaje nocturno): La diferencia con la anterior la vemos en la distancia focal empleada es de 55 mm en este caso, velocidad de obturación reducida a 1/10s para poder captar el reflejo del agua y en el punto F o apertura de diafragma que aquí resultó con un f/5.6.


Tras unirlas tal y como os comenté antes, obtenemos la siguiente composición:




Sin duda la experiencia fue de lo más entretenida y os la recomiendo, además ya sabemos que en las noches de verano es cuando más se disfruta después de un largo día de calurosas temperaturas.

Y bien, ¿os animáis para la próxima a sacar la cámara a la romántica luz de la Luna? 
CLICK!


Foto y texto originales de: Caroline A.N.

 
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